La diversidad en las aulas va más allá de las diferencias culturales y académicas. La neurodivergencia, que abarca personas dentro del espectro autista o condiciones como la dispraxia, el déficit atencional con hiperactividad TDAH, entre otras, presenta un desafío y una gran oportunidad para la educación inclusiva. Porque abordar las necesidades de estudiantes neurodivergentes no sólo promueve la igualdad, sino que también aporta sustancia al aprendizaje de los demás estudiantes. Al final, al reconocer a la neurodivergencia se evidencia una realidad que siempre ha estado ahí; incorporarla de forma activa, pluraliza y enriquece los entornos educativos.
Neurodivergencia, más posibilidades que limitaciones
La neurodivergencia, en sus diferentes manifestaciones, cambia la forma en la que una persona piensa, experimenta y comunica el mundo. Eso se debe, como dice Adriana White, a que son personas cableadas de forma distinta dentro de un sistema que está organizado de una manera que no necesariamente favorece configuraciones que se salen de la norma.
Cuando se habla de inclusión e igualdad, no sólo se trata de que todas las personas tengan los mismos derechos, sino de entender que, en un mundo más justo, con más espacio para que quepan todas las personas, dar más oportunidades a quienes son neurodivergentes implica también más posibilidades para quienes no lo son. Porque nada es más original que una persona que al manifestarse en el mundo comparte eso que la hace irreplicable. Así, la inclusión es una agenda que, de distintas formas, está enfocada en mejorar la existencia y experiencia de vida de todas las personas, reconociendo los problemas sistémicos de desigualdad en los que vivimos.

Según el estudio de la consultora Deloitte, entre 10% y 20% de la población mundial se considera neurodivergente, es decir, personas que experimentan condiciones como dislexia, dispraxia, TDAH o autismo. El concepto de neurodivergencia surgió originalmente en los años 90 al ser acuñado por la socióloga Judy Singer, aunque ha ganado un terreno más visible en años recientes. Hoy es un concepto que algunas juventudes cargan con orgullo; una palabra que ha ayudado a validar y compartir su experiencia de vida, antes invisibilizada.
Porque transformar para bien la realidad es una de las apuestas educativas, hoy te damos algunos consejos para tener presente la neurodivergencia en tus clases y que, así, junto con tus estudiantes puedas imaginar futuros con mejores horizontes.
Neurodivergencia en el aula
Conoce para aceptar
El primer paso que debes tomar es tener presente a la neurodiversidad. Como educadores es importante familiarizarse con las diversas condiciones neurodivergentes y comprender que son variaciones naturales de la condición humana. De ahí que sea importante estar en búsqueda de una aceptación integral que resalte lo valioso de la diversidad, en lugar de entenderla como una diferencia que representa un obstáculo o una clara desventaja de unos estudiantes frente a otros.
Sé flexible
Personalizar la enseñanza es clave. Puede ser evidente, pero es importante no obviar que pequeñas consideraciones pueden hacer una gran diferencia. Ofrécele a tus estudiantes diferentes opciones para aproximarse a los contenidos que se revisan en clase. A través de recursos multimedia, por ejemplo, puede mejorar su experiencia de aprendizaje. Conocer a tus alumnos y acompañarles en el proceso de descubrir estrategias de autogestión y aprendizaje activo, fomentará el éxito académico, así como su autoestima. Para que eso suceda debes tener la flexibilidad de detectar las necesidades de cada integrante de tu aula y tomarlas en cuenta para diseñar dinámicas tanto grupales como individuales.
Cultiva la comunicación abierta
Tener una comunicación abierta con los estudiantes implica transmitir que hay disposición de escucha, pero sobre todo buscar activamente facilitar espacios donde tus estudiantes puedan compartir su experiencia general de aprendizaje. Aquí lo más importante es escucharles realmente y ver qué puedes aprender de eso. Cada experiencia es única y las estrategias que uses con cada estudiante puede variar por lo mismo. Hay que recordar que el camino no está trazado, lo más importante es empezar a andarlo colectivamente, y afinar lo que creemos, sabemos y sentimos en el proceso.
Considera entornos sensorialmente amigables
Muchos estudiantes neurodivergentes son sensibles a estímulos sensoriales. Crear un entorno de aprendizaje sensorialmente amigable para tu alumnado, implica considerar cosas como la iluminación, el ruido y la disposición general del aula. Esto no es posible en todos los entornos educativos, pero si te es posible, puedes probar destinar cierto espacio del aula a que sea una zona tranquila que cada estudiante pueda usar cuando necesite recalibrar sus estímulos sensoriales.
Fomenta la empatía
Integrar actividades que fomenten la empatía y la comprensión entre tus estudiantes contribuye a crear un ambiente inclusivo. Te recomendamos desarrollar proyectos que destaquen las fortalezas individuales de cada estudiante. Esta es una manera de procurar el aprendizaje activo mientras fomentas un entorno de respeto, así como la aceptación mutua. Debemos entender que la inclusión no se trata de que las personas neurodivergentes cambien para adaptarse a diferentes entornos, eso ya sucede. Más bien hay que modificar poco a poco el sistema para que se puedan desarrollar con igualdad de posibilidades. En ese sentido, es fundamental trabajar para que se integren al grupo. Y para que eso suceda, los demás estudiantes deben ser partícipe del proceso de construir, cada día, aulas más incluyentes.
Abraza el proceso de aprendizaje continuo
La formación continua es fundamental para que como docente te mantengas informado sobre las mejores prácticas alrededor de la neurodiversidad. Actualmente, existen diferentes workshops, conferencias y recursos en línea que pueden ayudarte a actualizar tus enfoques pedagógicos.
Mantén canales de comunicación abiertos
El camino hacia una inclusión consciente debe ser colaborativo. Te recomendamos que establezcas canales de comunicación abiertos con autoridades escolares y especialistas pedagógicos y psicológicos. De esta manera, podrás conocer los protocolos o lineamientos de atención de tu institución y también resolver dudas sobre la neurodivergencia y su debido acompañamiento. Además, esta colaboración hará que sea más fácil enfrentar los retos que implica trabajar hacia una educación inclusiva.
