Del futuro de la educación (o por qué urge, siempre, innovar)
IDEA Ibero
17 / 09 / 2023

Hace tiempo que la educación no puede ya pensarse sólo como un proceso de adquirir y transferir conocimientos. La educación, en realidad, se puede concebir como un terreno siempre fértil para cultivar y mediar la evolución humana. Por eso, más que invitar a reproducir datos o procesos, o seguir y repetir instrucciones, necesitamos aprender a cuestionar y mirar desde diversas perspectivas lo que aprendemos, lo que sabemos, pero también identificar los puntos ciegos, o lo que desconocemos, de manera que podamos repensar el qué y el cómo en el quehacer educativo. En pocas palabras, que logremos innovar. 

El futuro de la humanidad se relaciona en gran medida con la educación, ya que como apunta Cimenna Chao Rebolledo, titular de la Dirección de Innovación Educativa de la IBERO, ésta debe contribuir a construir un mundo más humano, justo y sostenible, orientado a la convivencia pacífica y el bien común. Frente a los retos de la actualidad, la educación, y particularmente la educación superior, debe ir más allá de la formación disciplinar, posibilitando la creación de ambientes de enseñanza y aprendizaje que fomenten la conciencia y la incidencia social y ambiental. Lo anterior implica transformar la forma en la que se piensa acerca de, y cómo se ejerce cada disciplina, lo que a su vez presupone un cuestionamiento epistemológico, cognitivo y actitudinal, entre otros. Es en el marco de estas acciones transformativas que la innovación educativa juega un papel clave. 

Hoy te invitamos a reflexionar sobre qué significa innovar en la educación, por qué es importante y cómo puedes cultivarla. 

¿Qué es innovar en la educación?

Es muy probable que estés de acuerdo con que la educación debe reimaginarse permanentemente. A fin de cuentas, este ánimo de exploración responde a la esencia misma de educar y aprender. Celebramos contigo la curiosidad que te ha traído aquí a reflexionar sobre el futuro de la educación y lo que podemos hacer al respecto. Porque esa inquietud es, justamente, un ingrediente necesario cuando hablamos de innovación. 

Cuando pensamos en innovación, solemos remitirnos a tecnología. Pero en realidad es mucho más que eso. Se trata de resolver problemas estructurales de forma distinta –y a veces simple–. La innovación ocurre desde el momento en el que analizamos y definimos un dilema. Después, imaginamos soluciones y finalmente las llevamos a cabo. Esto quiere decir que innovar en la educación es un proceso vivo con muchas manifestaciones. Otra gran forma de entenderla es como la explica Elliot Washor, Cofundador del proyecto Big Picture Learning: 

Desde nuestra perspectiva, la innovación significa primero algo diferente y luego algo mejor. Es decir, innovar es una forma fundamentalmente diferente de hacer las cosas que da resultados considerablemente mejores. Tanto lo ‘diferente’ como lo ‘mejor’ deben ser significativos y sustanciales. Los educadores deben pensar en la innovación como aquellas acciones que desafían significativamente los supuestos clave sobre las escuelas y la forma en que funcionan. Por lo tanto, innovar es cuestionar la “caja” en la que operamos e innovar fuera y dentro de ella. 

No podemos esperar que el mundo cambie si seguimos haciendo las cosas de la misma manera. Por eso, Washor tiene razón en subrayar a “la diferencia” antes que a “la mejora”. Para cumplir con la promesa del futuro de la educación debemos dejar atrás, como explica Rebolledo Chao, “la superficialidad de las modas y las tendencias transitorias de los medios masivos de comunicación y del mercado”. Porque estas fuerzas o referentes pocas veces invitan a imaginar o crear algo nuevo.  Por el contrario, promueven la reproducción de ideas, estructuras y sistemas que sostienen –teórica y físicamente– a muchos de los problemas que tenemos de frente. 

Dicho eso, es posible que te parezca que las definiciones que hemos revisado hasta ahora sean algo vagas. Y aunque eso es cierto, no podría ser de otra manera. Sería anti innovador definir el concepto de forma estática: una cualidad contraria a la apertura y fluidez que requiere. Sin embargo, hay cosas que puedes hacer para cultivar y tener presente el acto de innovar en la labor educativa.  

El ABC de innovar en la educación

  • Regresa a los básicos. Antes de desarrollar un proyecto, diseñar una clase o cualquier actividad relacionada a la educación, cuestiona las cosas que das por ciertas o que están acordadas colectivamente. Quizá descubras algo que no habías visto antes. Procura explorar tu curiosidad a fondo.  
  • Diseña y rediseña. Desde un proceso imaginativo, crea hipótesis y diseña formas de llevarlas a cabo. Juega con ellas, cuestiónalas constantemente y rediseña. Procurar esta dinámica te conectará con tu aspecto creativo y nutrirá el paisaje de soluciones. Para este propósito, te invitamos también a consultar el modelo de Design Thinking para Educadores. Esta herramienta te explica, paso a paso, una serie de estrategias que se apoyan en “tu capacidad creativa para transformar difíciles desafíos en oportunidades para el diseño […] con el fin de llegar a nuevas soluciones pertinentes que generen un impacto positivo”. Adicionalmente, puedes extraer algunas ideas de la aproximación pedagógica de Flipped Learning que apuesta por cambiar el orden estándar de cómo se trabaja en un salón de clases. Ambos documentos están en español. 
  • Haz(te) preguntas abiertas. Tener la respuesta a una pregunta cerrada generalmente implica un proceso donde solo cabe lo “correcto” o “incorrecto”. Aunque estas interrogantes son útiles en algunos casos, procurar las que son abiertas crea un entorno que fomenta la reflexión, la creatividad y la imaginación; elementos cruciales para llegar a un espacio que está fuera del guión acordado que es, justamente, parte de lo que se quiere modificar. 
  • Comparte y escucha. La innovación nunca sucede de forma aislada, se cataliza a partir del entorno mismo. Te invitamos por eso a compartir tus experiencias exitosas y de fracaso con otras personas que, como tú, están buscando hacer una diferencia en la educación. Tus historias tienen la capacidad de inspirar a otras personas y fomentar un espacio de diálogo y reflexión. Compartir las herramientas o metodologías que usas y dejar que otras personas las exploren, es la mejor forma de acelerar procesos de innovación, dentro y fuera del aula. Escuchar las experiencias de otras personas es una manera de enriquecer las cosas que estás haciendo bien y también de cuestionar las que no han dado los mejores resultados. 
  • Ensaya, pero sobre todo juega con la prueba y error. Sin duda, cuando de innovación se trata la mira está en solucionar cosas de formas distintas. Pero para que eso suceda, se requiere de una apertura a entregarse al proceso que implica, necesariamente, a la prueba y al error. Juega con ese proceso, recopila información y aprende de él. 
  • Evalúa. Tener una capacidad profunda de análisis, autocrítica y reflexión es fundamental. Evaluar lo que haces –que puede hacerse también de formas innovadoras que valen la pena explorar– es una manera, claro, de mejorar, pero también de inyectarle energía y nuevas ideas a los cambios que quieres impulsar. Porque, al final del día, esa búsqueda de mejorar el panorama educativo nunca termina. Tú le das aliento. 

Esta lista no es una receta, son solo ingredientes que te invitamos a explorar y remezclar. Innovar en la educación es esencial si queremos apostar por una mejor versión del mundo donde, como dice la UNICEF, se pueda “hacer coincidir la escala de la solución con la escala del desafío”. Pero para que eso suceda, se requiere gente dispuesta a imaginar y materializar caminos diferentes. Y hoy eso puede empezar contigo. 

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