Tanto para docentes, alumnos e instituciones educativas, cada día es más evidente que las habilidades y capacidades que se requieren para el cuidado personal y colectivo juegan un papel central en el desarrollo integral del ser humano. Conceptos como autorregulación, responsabilidad, empatía y colaboración, son cada vez más populares, y hay una razón.
Desde hace varios años se reconoce a la educación como un agente para cultivar y “restaurar la paz”; se trata, sin duda, de un medio para construir un mundo más justo y humano, o como lo indica la UNESCO, es desde la educación que podemos “construir la paz, erradicar la pobreza e impulsar el desarrollo sostenible”.
Estas ideas han permeado de forma importante el sistema educativo, aunque dejando fuera elementos que derivan de no mirar, integralmente, a la educación y a los sujetos implicados en ella. No puede haber paz sin bienestar, ni bienestar sin reconocer la dimensión socioemocional del ser humano. Por eso, es fundamental incorporar la educación socioemocional en los ambientes educativos –y más allá–. No sólo porque funciona como argumento lógico en el contexto de la transformación educativa, sino porque hay investigaciones científicas que lo respaldan.
Cuando la educación socioemocional (también llamada educación emocional) se incorpora efectivamente a la currícula y se practica de forma sostenida, es posible reducir la violencia y los estados emocionales aflictivos de los actores educativos, fomentar un espíritu de colaboración y cooperación, así como fortalecer la autoestima individual y colectiva del alumnado. Eso sin tomar en cuenta que mejora, también, el desempeño académico del estudiantado y la interacción educativa en su conjunto. De esta manera, como dice Cimenna Chao, Directora de la Dirección de Innovación Educativa de la Ibero, “se requiere replantear la educación desde una mirada que incluya no sólo la formación intelectual y disciplinar, sino que considere también, dentro del actuar pedagógico y curricular, el papel central que juegan las emociones y la gestión de las relaciones interpersonales para la convivencia y el aprendizaje, y en general para el desarrollo humano y social”.
Solo de esta manera podremos estar a la altura para enfrentar los retos sociales, ambientales y educativos actuales y futuros, como ha sostenido Rafael Bisquerra, presidente de la RIEEB (Red Internacional de Educación. Emocional y Bienestar). No sólo se trata de fomentar una ciudadanía formada intelectual y técnicamente, sino una que también sea capaz de validar y gestionar sus emociones para, desde ahí, transformar empática y activamente la realidad. No queremos una educación que reproduzca el sistema actual, queremos una que lo transforme –y acompañe su evolución–. Ya decía el jesuita Pierre Teilhard de Chardin que el futuro pertenece a quien deje razones para que las próximas generaciones puedan sentir esperanza.
Por eso, hoy queremos compartir contigo algunas consideraciones sencillas y prácticas para incorporar la educación socioemocional en tu práctica educativa cotidiana. En caso de que quieras profundizar en la riqueza y complejidad que implica la educación socioemocional, dejamos al final de esta nota algunas lecturas y recursos recomendados.
Fomenta un ambiente de confianza
La seguridad es un ingrediente fundamental para facilitar los procesos de aprendizaje, la expresión y creatividad de los estudiantes. Los estudiantes deben sentir que tienen tu respaldo, pero también el de sus pares. Al haber confianza, se abre la posibilidad de explorar, experimentar y compartir inquietudes, dudas o dificultades con menos miedo a equivocarse o a hacer el ridículo; el error deja de ser motivo de vergüenza o causa de bloqueo cognitivo o emocional. Esto no se logra de un día para otro, se necesita un proceso en el que se involucren todos los actores educativos. Para generar confianza, reconoce a cada miembro del grupo por su nombre, responde con empatía a sus dudas o dificultades en el proceso de aprendizaje, genera dinámicas donde cada estudiante pueda tomar sus propias decisiones y hacerse responsables de lo que ello implica, y acompáñalos en ese proceso.
Reconoce la dimensión corporal
Cada vez se habla más de las emociones, pero con frecuencia este tema se queda en el ámbito declarativo o cognitivo. Las emociones surgen del cuerpo y es desde allí que debemos partir para reconocerlas y comprenderlas mejor. Eso, sin embargo, no quiere decir que las emociones no puedan ser complejas y construir significados o narrativas de índole cognitivo. Para trabajar las emociones desde su dimensión física y descifrar lo que nos quieren decir a partir de su expresión corporal, prueba utilizar estas preguntas siguiendo el orden en el que se presentan: ¿Qué siento, y dónde en mi cuerpo siento la emoción? ¿Cómo puedo nombrar lo que siento? ¿Qué puedo hacer con lo que siento? De esta manera podrás identificar primero la experiencia emocional sensorial, para después nombrar la emoción, y, finalmente, darle a este sentimiento un sentido y orientación activa y propositiva.
Trabaja con intención
Las emociones acompañan los procesos cognitivos, son materia prima de la experiencia humana. De acuerdo con el neurocientífico Antonio Damasio, a todo acto cognitivo le antecede y precede una emoción. Por eso necesitamos como docentes, o facilitadores del aprendizaje, ser activos e intencionales a la hora de trabajar con las emociones. Hay que tomarse el tiempo de observar y escuchar cómo se siente cada estudiante y cómo el estudiantado interactúan entre sí –las relaciones e interacciones emocionales son fundamentales en un ambiente grupal, pues determinan el clima emocional sobre el cual se asientan el resto de las acciones educativas–. Como docente es importante aprender a escuchar empática y activamente para reconocer el clima emocional, y utilizar estrategias pedagógicas para encauzar las emociones hacia el aprendizaje. En ese sentido, es importante reconocer cuándo el estudiantado está atento, activo y participativo, a diferencia de cuándo se encuentra aburrido, saturado o estresado, de manera que se puedan poner en marcha estrategias didácticas que orienten y regulen el clima emocional. Adicionalmente, se pueden generar climas emocionales favorables para el aprendizaje cuando se reconocen y celebran los logros académicos y la persistencia del alumnado ante un reto académico al cual se le dedicó tiempo y esfuerzo. Estas acciones más que restarle tiempo a la enseñanza, suman y enriquecen el aprendizaje.
Toma en cuenta tus emociones
Al centro de la conversación de la educación socioemocional suele estar el alumnado y con frecuencia se olvida a las y los docentes. No cometamos el error de querer ayudar o guiar emocionalmente a nuestras y nuestros estudiantes, dejando el propio bienestar emocional de lado. No se puede modelar, ni enseñar, lo que no hemos cultivado antes. Más allá de las prácticas de autocuidado de tu preferencia, es recomendable que encuentres a otros docentes que, como tú, trabajan activamente la educación emocional. Es importante compartir nuestras experiencias y contar con un espacio para sentirse acompañada o acompañado en este proceso. El establecimiento de comunidades de aprendizaje relacionadas con la educación socioemocional enriquece a toda la comunidad educativa, pues a través de estos espacios se pueden compartir y fortalecer prácticas y estrategias que luego pueden llevarse al espacio de enseñanza-aprendizaje.
No caigas en la trampa de la cultura de autoayuda
Hay que ser precavido para no caer en optimismos desmedidos que podemos encontrar, por ejemplo, en la cultura de los libros de autoayuda. Porque como dice Alan De Botton, se trata de contenidos y estrategias que desbordan y exageran las expectativas que podemos tener sobre nosotros mismos y las demás personas. Es una cultura llena de “atajos” que muchas veces prometen un tipo de bienestar fabricado, falso optimismo, o happycracia. Es decir, que terminamos tratando con un espejismo de necesidades y no con las necesidades reales en sí. La educación socioemocional es un campo con mucho potencial y que tiene probados resultados en la investigación educativa, pero no por eso la debemos romantizar; su implementación implica varios retos. Al final de cuentas, se trata de un campo vivo que sigue expandiéndose al cual debemos sumarnos con la misma preparación y cautela con la que adoptemos cualquier otra innovación educativa.
Saca la educación socioemocional del aula
La educación socioemocional debe ser una prioridad compartida, no solo algo que algunos cuantos procuran dentro de tu clase. Tanto las personas con las que trabajas, así como las instituciones de las que formas parte, deberían sumarse al esfuerzo de generar una cultura de la educación socioemocional. Solo de esta manera será posible potenciar el impacto de esta educación en la construcción de una sociedad más sana y humana, compuesta de ciudadanos comprometidos con su entorno y las personas que lo comparten.
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Recursos y lecturas recomendadas
- Te recomendamos leer la edición sobre educación socioemocional de la revista especializada DIDAC. Encontrarás diversos artículos que abordan el tema desde distintas perspectivas y escenarios.
- En caso de que impartas clases, talleres o cursos a distancia, te recomendamos revisar este recurso educativo.
- Te invitamos a consultar este recurso para profundizar en el uso de algunos conceptos y estrategias alrededor del tema, creado por el departamento de educación de la universidad de Harvard.
- Escucha esta entrevista con Rafael Bisquerra para entender lo que puede aportar la educación emocional.
- Consulta la Revista Internacional de Educación Emocional y Bienestar.
