La comunicación es una dimensión importante de la experiencia humana. La forma en la que nos comunicamos con nosotros mismos y con otras personas, como nuestros estudiantes, determina buena parte de la realidad que percibimos. Si ese es el caso, habría que hacer la siguiente pregunta ¿hay formas de comunicar que enriquezcan mi vida y la de los demás? Según el planteamiento de la Comunicación No Violenta, sí las hay. Te invitamos a descubrir de qué trata esta forma de comunicación y cómo puedes aplicarla.
¿Te ha pasado que reaccionas con intensidad a algo que te dice una persona o que sientes culpa después de haber dicho algo? Es probable que la respuesta a esta pregunta sea sí, simplemente porque vivimos en un mundo que no fomenta la comunicación compasiva. Es ahí donde entra la Comunicación no Violenta. En un contexto educativo, resulta fundamental abordar este tema, porque sin importar la clase o materia que impartamos, la forma en la que nos comunicamos con el estudiantado puede cambiar radicalmente su experiencia de aprendizaje. Es relevante también si pensamos que la educación, más allá de la experiencia individual, es una apuesta por el bienestar colectivo de una sociedad. Si el progreso de una sociedad se entendiera así, el filósofo Karl Popper estaría de acuerdo con que reducir la violencia es la vía para lograrlo.
¿Qué es la Comunicación No Violenta?
Desde hace muchos años llevamos practicando un estilo de comunicación que no está diseñado para escuchar abiertamente nuestras necesidades ni la de los demás, y que se limita a clasificar lo que sucede en el mundo desde juicios “buenos” y “malos”. En otras palabras de Marshall Rosenberg, es un tipo de comunicación que nos aleja de “conocimientos y habilidades sobre cómo expresarnos y escuchar a los demás de una manera que genere una conexión y cooperación genuina”.
Al observar esto, Marshall Rosenberg desarrolló la Comunicación No Violenta (CNV) en los años sesenta, la cual, según la Mtra. Carme Pujol Serrano, especialista en educación emocional, coach organizacional y miembro del Consejo Ejecutivo de la Red Internacional de Educación Emocional y Bienestar, se define como:
Un modelo que nos ofrece estrategias para, por un lado, mejorar la conexión con nosotros mismos, es decir, poder expresar honestamente aquello que sentimos, aquello que necesitamos, y a la vez mejorar la conexión con las otras personas, aumentando la calidad de nuestras relaciones. En otras palabras, es una metodología que nos permite expresarnos sin dañar a la otra persona y a escuchar sin reaccionar. Sirve en definitiva para cuidar nuestras relaciones y también para resolver los conflictos de una manera pacífica.
La mejor forma de entender a la Comunicación No Violenta es ver los principios que la sostienen:
- Las necesidades son universales, todas las personas tenemos las mismas necesidades.
- En cada momento intentamos satisfacer nuestras necesidades lo mejor que podemos.
- La violencia es una expresión trágica de necesidades insatisfechas.
- Cada persona tiene recursos internos notables si se le da empatía para ponerse en contacto con ellos.
Estas premisas, según establece la CNV, nos permiten:
- Expresar nuestra observación de una interacción sin juzgar ni evaluar.
- Separar pensamientos de sentimientos.
- Expresar lo que necesitamos y queremos. Practicar la escucha empática para escuchar las necesidades y deseos de los demás sin juzgarlos.
- Identificar la diferencia entre solicitudes y demandas. Presentar nuestra solicitud en un lenguaje de acción “factible”.
Practica la comunicación no violenta
Si quieres adentrarte al universo de conexión que ofrece la Comunicación No Violenta, lo primero que debes saber es que es un proceso. Lo más importante es que la practiques; ahí comienza el aprendizaje. Recuerda que al final de esta nota te compartimos algunos recursos para que puedas explorar este tema más a fondo.
Como bien dice Rosenberg, no estamos entrenados para escuchar las necesidades humanas, sino para juzgar y analizarlas. La Comunicación No Violenta implica aprender un nuevo idioma que es esencialmente vinculante, que dibuja puentes en lugar de borrarlos. Porque, según Rosenberg, solo desde la conexión podemos atender nuestras necesidades y las de los demás. El hecho de que estemos hablando de encuentros empáticos, no implica que sea una tarea sencilla o hipócrita. Por el contrario, requiere un gran compromiso y honestidad con uno mismo y los demás. Lo que vamos a obtener de la CNV es una forma de comunicar eso que sentimos de una manera que da más posibilidades de comprensión a todas las personas.
Identifica necesidades y preferencias
Hay que diferenciar entre las necesidades y las estrategias o preferencias para satisfacer esas necesidades. Veamos un ejemplo: puedes tener la necesidad de que tu estudiantado te escuche, pero hay muchas formas de que esa necesidad se cumpla. Quizás, aunque no sea tu vía preferida, descubres que la manera de atender tu necesidad es otra a la que imaginabas en un inicio, por ejemplo, penalizar a quien no te escucha. La clave es estar en un estado de apertura para escuchar y detectar las necesidades reales de tus estudiantes. Estamos acostumbrados a escuchar opiniones y debemos lograr destilarlas y revelar la intención que está detrás de ese mensaje.
Exprésate sin juzgar o evaluar
No es fácil porque casi nadie se comunica de esta manera, pero hace toda la diferencia. Lo que queremos lograr en este punto es poder expresar lo que sentimos sin emitir un juicio u opinión sobre la otra persona. Para entender mejor este punto, revisemos el ejemplo que comparte la Mtra. Pujol. Es muy diferente decir: “Has llegado a las nueve y tu hora de entrada son las ocho”, lo que expresa una observación neutra, a decir “Mira, como siempre, ya estás llegando tarde, eres un irresponsable”.
El ejercicio aquí, es entonces separar lo que observamos de lo que pensamos para permitir que haya conexión. En el primer caso, estamos hablando de un hecho, mientras que en el segundo estamos encasillando a una persona en un acto. Puedes practicar más este punto haciendo estos cambios en la forma de comunicarte:
- No digas: “Tú me haces sentir” o “Siento X porque tú hiciste Y”.
- Mejor di: “Cuando hiciste X, sentí o me sentí Y porque en realidad necesitaba Z”.
La gran diferencia entre el primer escenario y el segundo, es que el segundo se trata de una situación que puede atenderse, en el primer caso, se asume desde el juicio que una persona, por ser quien es, puede afectar la forma en la que se siente otra persona. Por eso, el segundo ejemplo abre posibilidades, mientras que el primero las cierra desde el juicio y la clasificación. Es importante que tomes en cuenta que ese ejercicio, esta forma de comunicante, empieza contigo mismo.
Presta atención al lenguaje
La práctica de la comunicación no violenta requiere, entre otras cosas, tener una capacidad de análisis. Veamos por qué. Como vimos con el ejemplo de arriba, hay pequeñas fórmulas para comunicar lo que sentimos de formas compasivas con nosotros mismos y los demás. Pero el lenguaje está lleno de trampas que pueden distorsionar el mensaje que queremos transmitir. Si en un escenario hipotético uno dijera “Cuando dijiste eso en clase me sentí juzgado”, estamos usando una palabra que, lejos de expresar lo que sentimos, describe lo que hace la otra persona: si me siento juzgado, es porque tú juzgas. Se trata de una palabra que con facilidad se nos podría escapar, pero que viene de un lugar que juzga al otro y que no es realmente objetivo ni cercano con lo que estamos experimentando corporal y emocionalmente.
Escucha con empatía y apertura
Escuchar sin etiquetar es una tarea difícil que requiere práctica, pero que si se hace con compasión ofrece muchas oportunidades para relacionarnos con nosotros mismos y otras personas. La compasón, recordemos, es “un fuerte sentimiento de simpatía y tristeza por el sufrimiento o la mala suerte de los demás y un deseo de ayudarlo”. Si el comentario de un colega o un estudiante nos parece ofensivo o violento, es recomendable recordar uno de los principios de la CNV: “La violencia es una expresión trágica de necesidades insatisfechas”. Teniendo eso en mente es más fácil sentir compasión por la otra persona. Entonces, con la ligereza que nos da esta guía, podemos tratar de identificar la necesidad de la otra persona.
Separa pensamientos de sentimientos
Separar lo que pensamos de lo que sentimos es fundamental, porque es lo que nos permite alejarnos de las etiquetas y juicios. Cuando dejamos que lo que pensamos domine la comunicación, inevitablemente terminamos evaluando y dando opiniones. Es difícil resolver problemas pacíficamente si hay una persona que, desde la autoridad, da un diagnóstico que encajona a una situación o persona como algo esencialmente bueno o malo. El ejercicio es encontrarnos, como diría el poeta Rumi, en un lugar más allá del bien y el mal. Eso es parte de lo que busca la CNV.
Más allá de estos consejos, es importante tomar en cuenta que el lenguaje, como la comunicación, son sistemas vivos, que interactúan y se hacen con el entorno. Eso quiere decir que al ser siempre cambiantes, nunca terminan de dominarse por completo. Cuando hablamos de Comunicación No Violenta, entonces, hay que tomar en cuenta que una de las cosas más valiosas que podemos hacer es seguir actualizándonos, día a día, para que las estrategias estén vigentes y a la altura de cada circunstancia.
***
Si te interesa este tema te invitamos a profundizar un poco más:
- Escucha el episodio dedicado al tema del podcast IDEA DIDAC.
- Consulta este diccionario de terminología de CNV.
- Consultar estas publicaciones sobre comunicación no violenta y educación.
- Ve este taller sobre los básicos de la comunicación no violenta con su fundador.
- Porque parte de la CNV tiene que ver con tener mejor conocimiento y manejo de nuestras emociones, te recomendamos este recurso que puedes compartir con tus estudiantes.
- Lee el libro que escribió Marshall Rosenberg CNV y educación.
