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5 formas de facilitar y fomentar los procesos de aprendizaje de tus estudiantes
IDEA Ibero
01 / 02 / 2024

Más allá de enseñar sobre un tema en específico, pocas cosas le pueden dar más placer a los docentes que comprobar que su clase ha servido para desarrollar los procesos de aprendizaje de sus alumnos y cultivar su curiosidad. Porque eso puede hacer que la vida de un estudiante cambie por completo o que sean aquel o aquella maestra con quienes siempre se sentirán agradecidos.

Es por eso que hoy queremos compartir contigo algunos consejos para facilitar y fomentar el aprendizaje de tus alumnos. Verás que hay de todo: desde consejos prácticos hasta dinámicas para tener en mente. 

Diseña tareas o ejercicios sencillos 

Con frecuencia, a la hora de asignar una tarea o ejercicio, se evalúa con dos cosas en mente: la forma y el fondo. Esto sucede porque queremos aprovechar las tareas para que el alumnado aprenda cosas integralmente. Por ejemplo, si la consigna es un ensayo escrito, le haremos saber que parte de su evaluación recaerá en la ortografía y formato de entrega, además del contenido de su trabajo. Y aunque se trata algo importante a considerar, estas estrategias de evaluación y seguimiento no son siempre las más apropiadas para fomentar el aprendizaje. Esto se debe a que un estudiante, por el miedo a obtener malas calificaciones, se aproxima al ejercicio con un sesgo que no le permite explorar el tema o problema desde un lugar libre o creativo. 

Esto no quiere decir que la forma no sea importante o que no haya que tomarla en cuenta. Simplemente se trata de incorporar, a lo largo del curso, algunos ejercicios destinados a que los estudiantes tomen más riesgos y exploren dudas y preguntas que no fácilmente harían de otra manera.

Al final, cuando entreguen un trabajo más formal, tendrán mejores resultados porque habrán destinado más tiempo a entender y navegar sus confusiones. Este último punto es relevante porque estudios en el campo de la psicología educativa y la neurociencia han demostrado que sumergirse en la confusión que nos provoca algo nuevo o desconocido es un paso fundamental para diluir conceptos erróneos y prejuicios.

Cultiva las habilidades metacognitivas de tus estudiantes

Las habilidades metacognitivas no son novedad. Están fundamentadas en un viejo principio que va desde Sócrates hasta el método de Dewey, que argumenta que aprendemos más al reflexionar sobre nuestra experiencia, que de la experiencia misma. Y aunque es posible que sea algo que tengas claro, tal vez te estés preguntado: “¿y esto cómo fomenta los proceso de aprendizaje?”. Pues bien, al darles herramientas a tus estudiantes para explorar cómo piensan, pero sobre todo cómo aprenden, ayudarás a que tengan una comprensión más profunda de qué les funciona mejor para desarrollar un aprendizaje activo. 

Revisemos un ejemplo puntual para que quede más claro. Tus alumnos tienen que estudiar para su examen. Aunque no es lo mejor, como muestra la evidencia, sabes que contrario a lo que te gustaría, lo más probable es que estudien de golpe al último momento. Puede ser que algunos saquen buenas calificaciones, pero eso no necesariamente quiere decir que van a aprender en el proceso. Justo en casos como estos es donde vale la pena tener en mente las habilidades cognitivas. Porque se trata de acompañar al alumnado a lo largo de tu curso a que cultiven la autorreflexión y evaluación, de manera que no caigan en la trampa de estudiar una noche antes y sentir que ese es el punto o que con esto basta. 

Por ello te recomendamos que ayudes a que tus alumnos se hagan algunas preguntas frecuentes antes de tomar una clase o de estudiar como: ¿Estoy en un espacio limpio y ordenado que me permite trabajar? ¿Guardé cualquier cosa, como mi teléfono, que me puedan distraer? ¿Puedo hacer algo en particular para estar tranquila o alistarme para aprender? Si bien son solo algunos ejemplos, este tipo de cuestionamientos pueden ayudar a que tu estudiante tome conciencia de cómo se siente y qué cosas puede hacer para facilitar su proceso de aprendizaje. 

También es bueno promover que tus alumnos se auto monitoreen y evalúen. Muchas veces al ver la cantidad de notas que han tomado o revisar las horas que han estudiado pueden tener una falsa seguridad de lo que en realidad saben y entienden. Es importante, por eso, que reflexionen si están anotando las cosas más relevantes de la clase, si hay conceptos que no les quedan del todo claro, si entienden la importancia de la clase o si deben consultar algo contigo. Estos cuestionamientos les servirán como guías para revisar sus procesos de aprendizaje, pero también harán que estén más pendientes y enfocados al estar involucrados en la clase. Si tu estudiante se percata de que algo no fluye, puedes apoyarlo haciendo una breve pausa para explorar sus inquietudes o dudas. Tu clase será mucho más nutritiva de esta manera. 

Más allá de la interacción que tienen contigo, quieres que el monitoreo y evaluación sea algo que practiquen constantemente tus estudiantes. Para eso puedes sugerir que se junten en grupos o parejas para explicar los temas que se han revisado en clase. Esta es una gran forma de que un estudiante vea realmente qué tan cómodo se siente con el manejo de un tema, mientras recibe retroalimentación o complementa lo que sabe con los comentarios de sus compañeros. También, puedes pedirle que haga mapas mentales o que explique con la menor cantidad de palabras lo que se revisó en clase. Al simplificar cosas que a veces son complejas tendrá un pulso bastante bueno sobre su nivel de comprensión. 

La idea es que, en la medida de lo posible, tus estudiantes sigan estos pasos. Con algo de práctica se vuelven respuestas automáticas que ayudarán a pulir sus procesos de aprendizaje. Será algo que les servirá incluso cuando estén fuera del aula o cuando hayan terminado su etapa académica. 

Cambia de entorno 

Desde la época victoriana, los salones de clase no han cambiado mucho. Es un hecho que para muchos, como Ken Robinson, resulta increíble, ya que el entorno define en cierta medida las posibilidades de aprendizaje y enseñanza. Un espacio como el aula está diseñado, de origen, para favorecer la atención, que es solo una de las dos capacidades primarias que utiliza nuestro cerebro a la hora de aprender, como explica Barbara Oakley, profesora de ingeniería en las universidades de Oakland y McMaster. Pero también restringe las formas en las que se puede poner atención y aprender en el proceso. 

Cambiar de entorno e incluir la movilidad corporal, como sugieren las investigaciones que se han hecho sobre el aprendizaje activo físico, ofrece beneficios para “la salud, la cognición y el rendimiento académico” de diferentes grupos demográficos. Fomentar este tipo de dinámicas permite que el alumno pueda transitar entre los procesos mentales que describe la profesora Oakley. Por un lado, está la atención, que trabaja con aquello que ya se sabe y, por el otro, un estado más difuso a través del cual se detonan procesos para conocer algo nuevo. Ambos son fundamentales y deben procurarse. 

Resultan atractivas también las posibilidades que ofrece cambiar de espacio. Al final, el aprendizaje es siempre un proceso que sucede en relación con otra cosa: un lugar, grupo o persona. Se trata de una experiencia compartida que vale la pena fomentar y explorar. Por eso, no es difícil imaginar que moverse de un lugar a otro pueda modificar el tipo de preguntas que hagan tus estudiantes, así como las experiencias que asocian al aprendizaje –fundamentales para que realmente entiendan de qué se trata cada clase o por qué es relevante. 

Comparte los proceso de pensamiento

No debe sorprenderte que cada estudiante tiene un proceso de pensamiento diferente. ¿Te has preguntado si en esos procesos hay una riqueza que no has explorado? Aquí creemos que sí. Revisemos un ejemplo para que quede más claro.

Imagina que estás enseñando una ecuación. Eventualmente, le pedirás a tus estudiantes que resuelvan algunos ejercicios. Aunque sin duda el resultado al que lleguen es relevante, puede ser muy útil que invites a que cada estudiante comparta cómo llegó al resultado. Como si pudiéramos escuchar con un altavoz lo que va pensando conforme resuelve el problema. Hacer esto puede ser muy nutritivo para otros estudiantes, porque tendrán acceso a procesos mentales distintos a los suyos. Se podrán nutrir de ellos o incluso obtener pistas para comprender algo que hacían en automático, pero que no les quedaba del todo claro. También puede ser una experiencia muy útil para ti, porque te permitirá complementar la forma en la que enseñas y a entender a tus estudiantes de una manera que no imaginas. 

Y es que últimamente no se trata de saber la respuesta, sino de entenderla. Así, más que repetir, los alumnos podrán apropiarse del conocimiento y abundar sobre él. 

Retrasa la entrega de calificaciones 

Justo como vimos al principio, las expectativas que tiene el alumnado hace que muchas veces se concentren más en las calificaciones que en su proceso de aprendizaje. Es común, por eso, que a la hora de regresar los trabajos o tareas, los alumnos se enfoquen más en la calificación que en la retroalimentación que les das. 

Si has notado que eso pasa con tus alumnos, te recomendamos que incorpores la retroalimentación en sus trabajos, pero que guardes sus calificaciones para dárselas después. De esta manera, tus alumnos podrán realmente procesar tus comentarios y tomarlos en cuenta e, incluso, hacerte preguntas mucho más profundas y relevantes que “Oye, ¿pero por qué saqué un 7?”. Una vez que ese proceso haya concluido, puedes compartirles sus calificaciones con la seguridad de que se habrá prestado atención a lo más importante: sus procesos de aprendizaje. 

Nos encantará saber qué otras técnicas te han funcionado a ti. Compártelas y dinos qué opinas de las que reunimos aquí. Porque, al final, pocas cosas son más provechosas que intercambiar experiencias entre docentes. 

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